Path: Home > Milagros > ¡Milagro! Me sometí a una Voluntad mayor.
¡Milagro! Me sometí a una Voluntad mayor.
06.03.2008
milagrosRecuerdo poco sobre lo sucedido, pero sí tengo claro que necesitaba ayuda. Acababa de terminar con mi pareja que para mí, en ese momento, era mi vida. Sumido en pleno dolor por la pérdida, abatido por una tormentosa relación laboral y enfermedades que ni conocía… realmente había llegado muy bajo, a un pozo muy profundo.

El trabajo, la razón que yo justificaba en ese momento, me consumía por un agudo stress y desgaste emocional. Mi trato con mis compañeros era pésimo y la situación de nuestra pequeña empresa parecía caer de un imposible a un más imposible quiebre económico.

Terminé en el hospital por arritmias cardíacas y por todo tipo de enfermedades que ni los doctores podían explicar. El día de hoy puedo afirmar que muchas de ellas no existían, pero en ese momento todo parecía tan real. Ese día que mi novia me acompañaba en la ambulancia, mientras yo buscaba mantener la calma y mi corazón latía desenfrenado, la miré y le dije “Quédate tranquila que HOY no voy a morir”. Ahora tan sólo de escuchar esas palabras me doy cuenta que tipo de pensamientos cruzaban mi mente. Siempre tuve fe en Dios de alguna manera, pero esos momentos en los que uno enfrenta a la ilusoria muerte, y lo superan, no te dejan otra salida que confiar en Él. Muchos de estos encuentros cara a cara con el miedo te dejan una sola salida… rendirte y someterte a una voluntad mayor.

Los ataques de pánico, deben ser una de las expresiones más directas del miedo. Simplemente no hay causa, está allí, expuesto. Mientras más control intentas ejercer, más realidad le confieres. El pasado los alimenta en un círculo vicioso. Muchas veces llegué casi al punto del desvanecimiento, el corazón en un palpitar muy tenue, el frío sudor te rodea y la respiración se hace pesada. Pero siempre que me entregué a su voluntad fui levantado y como si me abrazara en su tibieza, mi cuerpo se recuperaba y volvía a relajarme. No tenía ni fuerzas para expresar la emoción de esos momentos, pero sabía que Él estaba ahí.

revivirTiempo después de terminar mi relación, decidí tomarme un fin de semana de descanso en la casa de mis padres. Mi madre (mi ángel de la guarda) estaba ahí como siempre para sostenerme en esos momentos difíciles a los que me enfrentaba. Era un conjunto de factores que me habían dejado muy maltrecho y lo que quedaba de mí era un despojo de humano. Su comprensión y amor me acompañaban, pero la herida en el alma y el agotamiento físico hacían mucha presión en mi existencia… estaba sin motivación para vivir.

Arropado al lado de la estufa y repasando pensamientos, se me cruzó la imagen de un libro. Mi madre reiteradas veces me lo había mencionado. Ella no lo había leído pero seguía insistiendo en que lo revisara. Lo trajo del exterior por encargue, quedó archivado en la biblioteca, sin ser abierto.

Ese fue el comienzo del milagro, siempre fui un asiduo lector de material esotérico, pero esto sobrepasaba todo lo que conocía. Me hablaba a mí, el libro estaba describiendo mi situación actual y me daba la respuesta a lo que me sucedía. La conexión inicial con el Curso fue muy profunda, sentí que todo en mi interior cambiaba y una dicha enorme se expandía en mi interior. Cada sección que abría al azar tenía una respuesta para alguno de mis problemas y a medida que sus palabras entraban en mi consciencia las enfermedades se fueron desvaneciendo poco a poco. Al caer la noche, el dolor físico y emocional había sido reemplazado por alegría… había encontrado un nuevo propósito.

Mis comienzos con el curso fueron chocantes, adaptarse a ese nuevo modelo de pensamiento fue difícil ya que la situación no se revirtió por “magia”. Todo el proceso fue muy acelerado, todo cambió repentinamente y aunque el día de hoy me enfrento a ciertas noches oscuras, no volvería atrás el proceso por ningún motivo. Me atuve lo mejor que pude a la práctica de los ejercicios y estaba dispuesto a realizarlos en toda circunstancia. Durante muchas etapas la oscuridad y la luz parecieron pronunciarse exageradamente. La batalla interna se apagó poco a poco, los momentos de paz se hicieron más frecuentes y plenos.

 Conocí otra gente, , mi situación con todo aquel a quien conozco se transformó, incluso resentimientos muy viejos se vieron perdonados y reemplazados por paz. Podría decir que cada encuentro con mis hermanos “pareció” arreglado, puesto allí para producir una sanación.

La cantidad de milagros que he presenciado desde que comencé el curso requeriría su propio libro. Ante tales vivencias la duda no tiene cabida y la experiencia reemplaza cada vacilación por certeza. Cada día accedo más y más a dejar que el espíritu me guíe y dejar de resistir, cada día todo es más fácil… y la paz… no hay palabras para describir como todo se tiñe con su luz.