| ¡Milagro! La Responsabilidad Pasó A Mis Manos. |
| 03.05.2007 | |
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Soy Matias, tengo 18 años y tengo algo para contarte: antes de comenzar a leer el Curso me encontraba desesperado, viviendo con mucho miedo por todo, quería que todo fuera a mi manera, y lo que menos sentía por mis hermanos era amor. Hubo un día en que no aguanté más esta vida y pedí ayuda, sabía en algún lugar de mi mente que había una salida al sufrimiento, lista para que yo la aceptase cuando quisiese, pero no la quería aceptar porque de alguna manera sabía que lo que yo llamaba vida se derrumbaría en algún punto.
Con esta esperanza comencé a buscar en Internet una solución, aunque si lo pensaba bien era una locura que pudiera encontrar lo que buscaba por este medio. Sin embargo fue esa tarde cuando encontré como por “casualidad” un artículo que hablaba sobre el Curso de Milagros, lo leí, me bajé el libro por Internet, me gustó, y a los pocos días compré el libro en forma medio loca, gastando mucho dinero. Comencé a leerlo convencido de que allí estaba mi salida del sufrimiento, con la firme determinación de no abandonar la lectura. Fue leyendo como fui comenzando a recordar… ahora ser feliz parecía posible, se me daban los medios mediante los cuales podía convertir mi sueño en realidad. Todo me parecía fantástico, yo lo que quería era la felicidad. Me dediqué mucho a leer el Curso, aunque me costaba mucho entenderlo, todo su lenguaje y todos sus conceptos eran absolutamente nuevos para mí. Lo que más rápidamente entendí fue que debía entregárselo todo al Espíritu Santo, ésta era la forma. Entonces como salida al terror que vivía a causa de mis pensamientos, comencé a esforzarme mucho por no pensar y, de este modo no interferir, fue lo primero que pude captar. También intentaba ver a mis hermanos sin juzgarlos, haciendo un esfuerzo consciente. Aunque detrás de eso se encontraba mi ego que en cuanto tomaba un poco el control comenzaba a juzgar a todos. Empecé a tener experiencias de absoluta felicidad sin motivos...empezaron a ocurrir los milagros. Lograba trascender muchas de mis limitaciones y miedos, no pensaba en ellos y las cosas se transformaban. Donde antes tenía miedo e inseguridad de lo que iba a ocurrir, y donde como consecuencia de estos pensamientos todo iba mal, ahora no me preocupaba, se lo entregaba al Espíritu Santo, y vivía una experiencia de amor y felicidad. Un ejemplo de esto fue una cena que tuve con gente que no conocía, durante un viaje que de no haber sido por estar leyendo el Curso no hubiera hecho. Yo siempre tuve muchos temores en relacionarme con gente no conocida, y estar en una cena donde todos eran amigos entre sí, menos yo, que no conocía prácticamente a nadie, era una de las situaciones que más terror podría causarme. Sabía lo que sucedería si no estaba con el Espíritu Santo… pensaría que todos creían que yo era un estúpido y pasaría otra de esas horribles noches. Entonces no pensé en nada, se lo entregue a Él y deje que las cosas fluyeran. El resultado fue que me sentí muy bien esa noche, no sentí que nadie pensaba mal de mí y sentí amor por mis hermanos. De no haberlo entregado hubiera sentido odio y resentimientos, por mis propios pensamientos que me decían todo lo malo que ellos opinaban de mí. Esto fue un milagro. Pasar de esta forma del odio al amor, fue un milagro para mí. Jesús dice: “No hagas de nadie un ser temible, pues su culpabilidad es la tuya, y al obedecer las severas órdenes del ego, atraerás su condena sobre ti mismo y no podrás escapar del castigo que él inflige a los que las obedecen”. Y esto es lo que yo hacía siempre en estas situaciones, lo que provocaba mis temores; hacía de los demás seres temibles, culpándolos por cómo yo me sentía. En el reconocimiento de que yo soy el responsable, se abre la posibilidad del milagro, del cambio de mi manera de pensar. Al responsabilizarse no hay nadie a quien culpar. Todo esto de entregarlo era fantástico y estaba maravillado con la idea de que ser feliz estaba al alcance de mi mano. Pero cuando no lograba hacer este esfuerzo consciente por despreocuparme de todo y estar con Él, las cosas volvían a su “normalidad”. Me dí cuenta de que estaba utilizando al Espíritu Santo para los fines del ego, invocaba Su Presencia cuando Lo necesitaba porque de otra manera la iba a pasar muy mal. Pero cuando no veía estos peligros en el exterior, me olvidaba de Él, y seguía con mis planes sin sentido. Después de un tiempo me cansé de estas idas y vueltas y comencé a entender que el pecado no era real, que nadie me podía hacer nada a no ser que yo le atribuyera ese poder, no había nada aparte de mí mente, no había mundo. Cuando entendí esto comencé la tarea de perdonar todo lo que aparentemente sucede, y lo que sucedió, y a dejar de echar culpas por lo que a mí me pasa. La responsabilidad pasó a mis manos. Y en eso estoy ahora, perdonando el pasado, que ahora veo, pero que no existe. |

Comencé a leerlo convencido de que allí estaba mi salida del sufrimiento, con la firme determinación de no abandonar la lectura. Fue leyendo como fui comenzando a recordar… ahora ser feliz parecía posible, se me daban los medios mediante los cuales podía convertir mi sueño en realidad. Todo me parecía fantástico, yo lo que quería era la felicidad. Me dediqué mucho a leer el Curso, aunque me costaba mucho entenderlo, todo su lenguaje y todos sus conceptos eran absolutamente nuevos para mí. Lo que más rápidamente entendí fue que debía entregárselo todo al Espíritu Santo, ésta era la forma. Entonces como salida al terror que vivía a causa de mis pensamientos, comencé a esforzarme mucho por no pensar y, de este modo no interferir, fue lo primero que pude captar. También intentaba ver a mis hermanos sin juzgarlos, haciendo un esfuerzo consciente. Aunque detrás de eso se encontraba mi ego que en cuanto tomaba un poco el control comenzaba a juzgar a todos. Empecé a tener experiencias de absoluta felicidad sin motivos...empezaron a ocurrir los milagros. Lograba trascender muchas de mis limitaciones y miedos, no pensaba en ellos y las cosas se transformaban. Donde antes tenía miedo e inseguridad de lo que iba a ocurrir, y donde como consecuencia de estos pensamientos todo iba mal, ahora no me preocupaba, se lo entregaba al Espíritu Santo, y vivía una experiencia de amor y felicidad.
Todo esto de entregarlo era fantástico y estaba maravillado con la idea de que ser feliz estaba al alcance de mi mano. Pero cuando no lograba hacer este esfuerzo consciente por despreocuparme de todo y estar con Él, las cosas volvían a su “normalidad”. Me dí cuenta de que estaba utilizando al Espíritu Santo para los fines del ego, invocaba Su Presencia cuando Lo necesitaba porque de otra manera la iba a pasar muy mal. Pero cuando no veía estos peligros en el exterior, me olvidaba de Él, y seguía con mis planes sin sentido. Después de un tiempo me cansé de estas idas y vueltas y comencé a entender que el pecado no era real, que nadie me podía hacer nada a no ser que yo le atribuyera ese poder, no había nada aparte de mí mente, no había mundo. Cuando entendí esto comencé la tarea de perdonar todo lo que aparentemente sucede, y lo que sucedió, y a dejar de echar culpas por lo que a mí me pasa. La responsabilidad pasó a mis manos. Y en eso estoy ahora, perdonando el pasado, que ahora veo, pero que no existe.