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¡Milagro! "Cristo ha nacido en mi"
03.12.2006
 Abrirme a recibir a Cristo, es el milagro de permitir a Jesús Ser en mí. En un comienzo pensaba que Jesús era un Ser distante al que podía acudir en ciertas ocasiones y llamar para que se hiciera presente. Definitivamente, mi llamado nunca era en vano, pues su presencia y su ayuda siempre se hacían evidentes. Sin embargo, al sentir en mi corazón el profundo deseo de conocerle completamente y de entregarle todo mi ser, me dispuse a preparar el altar para su llegada.
El altar se embellecía cada vez que perdonaba un resentimiento, cada vez que reconocía mi perfección como hija de Dios y me liberaba de la pesada carga de la culpa, cada vez que dejaba ir el pasado y soltaba la angustia por el futuro disfrutando de la paz del presente, cada vez que dejaba de identificarme con un cuerpo y reconocía mi esencia ilimitada y eterna, cada vez que soltaba un pensamiento de miedo y permitía que fuese reemplazado por uno de amor, cada vez que elegía soltar el control y decidía seguir la guía de Dios y cada vez que en lugar de decir: Mi voluntad, decía: Padre Tu voluntad no la mía. Esto era el proceso de gestación, de maduración que partía del deseo sincero y profundo de recibir a Jesús.

“Jesús quiero conocerte, quiero darte la bienvenida a mi vida, quiero que seas Tú en mí y que reemplaces completamente mi Ser con tu presencia”. Este era mi pedido, al reconocer que no quería otra cosa que servir a Dios y ser un canal de su amor y su luz para el mundo. “Jesús quiero demostrar como tú lo haces, te entrego mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones”. Cierto día el Cristo nació en mí, tomando mi ser y reemplazándolo por su sanadora presencia. Jesús me entregó su corazón lleno de luz, podía sentirlo en mi pecho y reconocer la energía de su amor. A partir de ese momento, Jesús no es un ser ajeno a mí, es mi propio Ser, mi realidad, mi verdad. Está tan dentro que es imposible no reconocer que camina conmigo, que cada vez que me hago a un lado, es El quien habla a través de mi, mira a través de mis ojos y cubre la oscuridad con Su luz.

Recibir a Cristo en mí es reconocer quien soy, aceptar mi perfección como hija de Dios y la grandeza de mi Ser en unión con todo el Universo. Este reconocimiento en mi mente, me permite ver la perfección que se encuentra en cada persona, pues son el reflejo de una sola mente que ha despertado en el amor de Dios.  

Recibir a Cristo es elegir vivir desde la fortaleza de su Ser y no desde la limitación y el miedo de mi mente separada de Dios. Vivir desde su fortaleza para  ser testimonio de la única verdad que es el Amor y no dar realidad a lo que es pasajero y por lo tanto, tan solo una ilusión. El Cristo nace en mí en cada instante, aquí y ahora, despertando de este sueño de limitación, dolor, enfermedad y muerte para reconocer mí Ser ilimitado en la gloria de Dios.