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¡Milagro! "Jesús en persona estuvo conmigo"
03.12.2006

 Un Curso de Milagros dice en su introducción: “Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.”


Pues bien, yo estoy haciendo el entrenamiento mental de Un Curso de Milagros y vine de Colombia a Estados Unidos para hacer un retiro espiritual en la práctica del Curso en Wisconsin Dells, y te quiero compartir un milagro, que empezó con el reconocimiento del miedo que tenía por no hablar Inglés. Desde que llegué tuve experiencias de mucho temor, en varias oportunidades me encontré muy asustada y enojada con todo y con todos, especialmente conmigo misma.

La celebración de bodas es una de las actividades en las que presto servicio y en las que claramente empecé a ver mi temor por no hablar Inglés. Mi trabajo consiste básicamente en ayudar con los preparativos como adornar el salón de bodas y el de fiesta, poner las mesas, las sillas y otros. En las primeras ocasiones no tenía que hablar mucho con la gente y siempre trabajaba con otros que hacen el entrenamiento mental y que me podían ayudar con el idioma

Un sábado todo cambió: había dos bodas simultáneamente y yo debía trabajar en la más pequeña de ellas pero ya no en lo preparativos sino directamente en la celebración, lo que implicaba un contacto directo con la gente de la boda y para mi mayor sorpresa todos mis compañeros estaban en la boda grande. En principio sólo estábamos la directora de bodas, el Ministro y yo, y por supuesto todos los miembros de la boda.

Empecé a sentir mucho miedo cuando la directora que estaba muy ocupada, me daba instrucciones, pues yo estaba tan asustada que no le entendía nada y hacía las cosas casi adivinando, -aunque a ella la conozco bien ya que es estudiante del curso yo literalmente no podía decirle lo que me pasaba, eso era parte del miedo, en realidad yo tenía miedo de todos-; tuve un instante de total angustia porque ella tenía que ir a la otra boda y me dejó con la gente, me di cuenta de cuánto miedo tenía y cuán absurdo era, pero no podía evitarlo, quería salir corriendo pues pensaba que cuando la gente me hablara o me pidiera algo, yo no iba a entender, iba a hacer el ridículo,  se iban a enojar y afectaría a todos; pero lo que realmente sentía es que moriría, “esto es ridículo”, me dije a mi misma, pero supe que no podía evitar tener tanto miedo y que la solución no estaba en entender Inglés, en que algún compañero llegase, o en irme, pues ésto me liberaría de la situación por un instante pero en algún momento volvería nuevamente a estar en temor, y entonces empecé a desear con todas mis fuerzas  ser liberada del miedo, y le pedí a Jesús: “Por  favor Jesús quita de mí este miedo, no lo quiero, pero no se cómo dejarlo ir, no me importa como se den las cosas hoy, te pido que sanes mi mente del temor, no quiero estar en miedo, no puedo soportarlo más, ayúdame”, esperé un momento y luego dije: el miedo está en esa dirección pero ahora no estoy sola, entonces entré a la sala.

Estaba sirviendo un refresco y de pronto una pequeña de unos 4 años que estaba con su papá, se quedó mirándome y empezó a sonreírme, yo le sonreí, le ofrecí refresco, ella no hablaba nada, pero no paraba de mirarme y de sonreírme, el papá la llamaba y ella no se movía, yo empecé a sentir que ella miraba a través de mí,  que estaba viendo algo muy hermoso y me lo estaba mostrando, y era yo!, sí, me empecé a ver en su inocencia radiante, segura, invulnerable! y allí en medio de la gente, no dejábamos de mirarnos y de sonreírnos, no se cuanto tiempo pasó, cinco minutos tal vez, y todo pareció detenerse, no había nada allí, ni gente, ni espacio, ni tiempo, en realidad no había nada que temer. Luego yo salí un momento y cuando entré ella se vino nuevamente hacia mi, era como si me estuviera esperando, y se me acercó y nuevamente se me quedó mirando y sonriendo y yo acerqué mi mano y le acaricié el cabello y entonces ella se postró ante mis pies y se recostó como un corderito en total mansedumbre sin dejar de mirarme y sonreírme, yo estaba llorando ante aquello tan sublime que reemplazó todo mi mundo por completo, yo la alcé y la abracé por un momento y cuando la bajé, se postró nuevamente a mis pies y  estuvo allí en una posición de total rendición, como abrazándose así misma, sin dejar de mirarme y sonreírme. Supe entonces de la invulnerabilidad de mi ser, me sentí realmente protegida, perfectamente cuidada. Nos separamos por un momento y volvimos a encontrarnos en el salón de fiesta y nuevamente se fue hacia mi, me tomó de la mano y me sonrió, yo la alcé y vi que tenía una sonrisa diferente, seguía siendo inocente, pero estaba muy radiante y alegre y parecía como si  conociéramos un secreto y a la vez lo estuviéramos contando a todos. Sus papás eran muy hermosos, era muy natural para ellos ver nuestra camaradería. Desde su mesa me acompañó todo el tiempo sonriéndome mientras yo atendía las mesas, y cuando se fueron, vino a despedirse de mi y aun saliendo agitaba su manita y me miraba sin dejar de sonreírme.

Unos días después estuve experimentando que mi mayor miedo es el de depender totalmente de Dios, de dejar que El cuide de mi absolutamente, y Jesús dice en el Curso de Milagros que de lo que realmente tienes miedo es que tu miedo se vaya, porque entonces estarás completamente feliz y desaparecerás en el corazón de Dios y para ti eso es la muerte, pero eso es lo que la vida es. Jesús estuvo ese sábado en una boda sanándome, me mostró que en mi rendición a Dios encuentro mi inocencia, lo sublime de mi Ser, radiante, esplendido y libre de culpa; en mi total entrega a mi creador, a Dios, rendida ante El, poniendo a sus pies mi miedo, entregándome tal cual soy, sin secretos, seré absorbida por el Amor mismo. Jesús en persona estaba allí mostrándome que nada real puede ser amenazado y que nada irreal existe, me llevó a través del miedo y me mostró que no es real, y es lo que finalmente te puedo decir: No importa cuál sea tu miedo, no es real, no hay nada que temer. Yo estoy entrenando mi mente en  esta nueva manera de pensar que me ofrece Jesús-Cristo en Un Curso de Milagros.

Te amo,

Margarita