| En tus manos Padre |
| 31.07.2006 | |
He tenido una experiencia sobrecogedora de rendición y entrega a Dios en una plegaria simple y a la vez todopoderosa de decir: “Aparta de mí este cáliz, pero no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú quieres”. Te cuento que ahí estaba yo con mi nueva odontóloga en un tratamiento que incluía varias cirugías en las encías y descubriendo un total temor al dolor físico.El milagro es que mientras mis encías se limpiaban mi mente fue sanada de memorias viejas de dolor asociadas con resentimientos de niñez y adolescencia en las que fui violentada por un odontólogo y algunos médicos. Lo que te puedo decir es que lo fuera que me hubiera pasado en mi niñez y en mi adolescencia, hace mucho que pasó, hace mucho que se fue, y sin embargo yo lo seguí aferrando todo el tiempo y lo que quise hacer hasta ahora fue tratar de no responsabilizarme por el miedo que me invadía cada vez que el tema médico me rondaba. Traté de poner fuera de mí la causa de ese miedo y pensé que me mantendría a salvo si seguía teniendo a alguien a quien culpar, pero no fue así y esto es porque he sido yo quien he elegido mantener el resentimiento, el dolor y el miedo a través de todo el tiempo, lo he mantenido, lo he aferrado y te digo que lo hacía porque creí que así me mantendría a salvo. Pero ahora yo cuento con Jesús como mi guía, cuento con su mente, cuento con Dios, cuento con los milagros y “Es un milagro” que ahora yo puedo responsabilizarme de lo que me he estado haciendo: “Mantenerme atada al resentimiento, al dolor y al miedo”, eso me lo he estado haciendo yo todo este tiempo, y cuando me encontré en tratamiento y reconocí que tenía mucho miedo y pedí que no se hiciera mi voluntad es porque ahora sé que Dios sólo quiere para mí perfecta felicidad. Ese era simplemente un momento para ir a un punto de miedo, reconocerlo, perdonar, dejar ir y resucitar y fue una real experiencia durante todo el tratamiento el consagrar mi mente al reconocimiento total de que “No soy un cuerpo, soy libre, pues aun soy tal como Dios me creo”. Aquí estoy Padre, en tus manos”, “No quiero hacerme daño más, te devuelvo mi mente”, Gracias Dios, todo el dolor se ha ido, he resucitado, Gracias!! |

He tenido una experiencia sobrecogedora de rendición y entrega a Dios en una plegaria simple y a la vez todopoderosa de decir: “Aparta de mí este cáliz, pero no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú quieres”. Te cuento que ahí estaba yo con mi nueva odontóloga en un tratamiento que incluía varias cirugías en las encías y descubriendo un total temor al dolor físico.